Breve historia de la Central Térmica de Aliaga

Texto y fotografía: María Giménez Prades.

“Las piedras pesan más en su lugar”

Proverbio albanés

 

Vista de la fachada principal de la central térmica de Aliaga en la actualidad.

Sala de bombas en la actualidad.

En los años posteriores a la guerra civil, la construcción de grandes centrales térmicas en España tuvo como objetivo paliar los importantes déficits de suministro eléctrico. Con la creación de UNESA en 1944, se agruparon las 17 empresas más importantes del sector, como ENDESA, ERZ o Calvo Sotelo, iniciándose una nueva etapa de generación termoeléctrica.

En 1943 ERZ obtuvo la autorización para instalar en el término municipal de Aliaga una central térmica, lo que supuso no sólo una transformación paulatina de su vida rural en una sociedad industrial, sino también un gran cambio en el paisaje de Aliaga, puesto que se hizo necesaria la construcción de un embalse, ampliar y modernizar las minas de carbón, y construir un cable aéreo para transportar dicho carbón desde las minas hasta la central. Las obras en el edificio principal comenzaron aproximadamente en 1947 y en su inauguración, entre 1950 y 1952, contó con dos calderas Babcock-Wilcox, de manufactura en Bilbao, y dos turbinas Brown-Bovery de 10 MWe cada una.

Según los testimonios fotográficos, en 1952 entró en funcionamiento una nueva caldera Mercier, realizada en los talleres Mercier asociados a Fundiciones Averly de Zaragoza. En 1958 se instaló una caldera Walther y una tercera turbina de 25 MWe, ampliando la potencia total instalada a 45MWe. En esta última ampliación se construyó además  una torre de refrigeración Marley para ayudar en la refrigeración de las turbinas, pues el embalse en el río Guadalope era insuficiente. De esta forma, se inició así el periodo de máxima producción eléctrica de la central, con una producción anual de 280 GWh y Aliaga se dispuso a vivir unos buenos años de bonanza económica y social.

Central térmica durante sus primeros años de funcionamiento. Entre 1950 y 1952.

Construcción del edificio principal, 1949.

Vista panorámica del edificio, las torres de refrigeración, el parque de transformación, el embalse y los silos. Al fondo se aprecia la barriada obrera de La Aldehuela, 1958.

El carbón se extraía de las minas locales de Hoya Marina, Las Eras y Campos. Sin embargo, la gran demanda de la central, 900 Tm al día, y el bajo poder calorífico del lignito extraído, llevó al cierre de la última mina del coto de Aliaga en 1966, Hoya Marina. De este modo, se hizo exclusivo el transporte del carbón por carretera procedente de otras zonas de la provincia de Teruel, como Utrillas, Ariño o Palomar, elevando los costes y comenzando el declive de la central.

Sin embargo, ERZ siguió invirtiendo en la central para alargar su vida al máximo. En 1966 se instaló una nueva caldera mixta Mercier para alimentar a las dos turbinas de 10 Mwe. El montaje de esta caldera requirió la ampliación de la fachada del edificio principal, modificándola tal y como la conocemos hoy en día. Así mismo se instalaron dos tanques de fuel-oil para ayudar durante el arranque de dicha caldera. En los años 70 la central sufrió una serie de problemas técnicos, debido a la obsolescencia de sus instalaciones, que desembocaron en su clausura y desmantelamiento entre  1980 y 1982.

La construcción de la central térmica y de todas sus infraestructuras, así como de toda actividad industrial y minera a ella asociada, constituyó un mega-proyecto nunca visto en Aragón anteriormente, que transformó el paisaje natural y rural de Aliaga en un paisaje industrial, además de modificar el estilo de vida de sus habitantes.

​Actualmente y en el pasado, la actividad económica desarrollada por los habitantes del entorno de Aliaga ha ido configurando el paisaje en torno a la central térmica y su embalse, así como las zonas mineras de Santa Bárbara, Las Eras, El Salobral y Campos. Dicha actividad también ha modelado el terreno, ha modificado la dinámica ambiental y ha establecido una forma de relación del ser humano con el medio natural. Como resultado, encontramos un paisaje definido, que no es sino el resultado de la interacción de factores –geomorfológicos, bióticos, económicos, culturales y sociales- a lo largo del tiempo; que han sido percibidos de una forma concreta en cada momento, que encierran una serie de valores y claves paisajísticas legibles y que, finalmente, pueden ser apreciados e interpretados. Todo ello hace posible obtener una concepción integral como paisaje cultural minero y de la energía, a partir de la cual se podría programar una gestión adecuada, que represente una nueva forma de desarrollo social y económico de una zona deprimida desde que cesó la actividad industrial y minera, sin por ello renunciar a la conservación de los elementos que lo caracterizan.

Fachada posterior en la actualidad.

La central térmica merece ser reconocida como un elemento más del patrimonio cultural de Aliaga y del patrimonio industrial de Aragón, debido a su importancia en el pasado industrial de nuestro país, a la peculiaridad de su arquitectura y a la memoria de los habitantes del pueblo y sus trabajadores. Se ha creado una página web  donde se recoge la historia de la central y se muestran fotografías antiguas, dando a conocer no sólo el progreso tecnológico, sino también la relación de las personas con la central térmica y sus minas. Esta web pretende otorgar un formato tangible a valores inmateriales, como la memoria de los trabajadores de Aliaga y sus pedanías.

En cualquier caso y sea cual sea su futuro, la central térmica de Aliaga sigue durmiendo y envejeciendo, esperando a que alguien la despierte y vuelva a llenarla de luz.

María Giménez Prades

Universidad Complutense, Madrid.

 

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