La aerinita, el enigma azul del Pirineo

Uno de los primeros minerales que han sido donados al Museo para el repositorio de minerales aragoneses fueron unos ejemplares de arerinita. Proceden de la cantera La Soriana (en la fotografía), de Estopiñán de la Sierra (Huesca). La aerinita es un mineral de color azul intenso que se encontró por primera vez en los Pirineos. De la aerinita os contaremos varias historias. Hoy toca conocer cómo se descubrió este enigmático mineral. El texto ha sido escrito en su mayor parte por Miguel Calvo.

El Museo de Breslavia (Polonia) incorporó a su colección un mineral de color azul intenso a finales de la década de 1860, procedente del Pirineo aragonés. El ejemplar, suministrado por el comerciante de minerales Theodor Schuchardt, fue vendido como un supuesto mineral de cobalto (en Aragón se conocían minas de cobalto, pero eso una historia para nuestro proyecto de las minas olvidadas). A mediados del siglo XIX, era habitual la venta de minerales como curiosidad o recuerdo a los viajeros que visitaban el Pirineo. Y podían encontrarse minerales españoles en comercios especializados de muchos países de Europa. Algunos de los comerciantes ya habían recorrido zonas de España a la búsqueda de ejemplares notables desde finales del siglo XVIII. Lasaulx, en 1876, estudió uno de los ejemplares de Breslavia y descubrió que tenía características diferentes de los minerales conocidos. Propuso el nombre de «Aërinit» (aerinita en español), derivado de la palabra griega que significa azul celeste. Pero la aceptación de este nuevo mineral tenía dos problemas. Uno era el desconocimiento de dónde venía. El otro era descifrar su composición química.

Respecto al problema del origen, el ejemplar estudiado por Lasaulx se había comprado como procedente del Pirineo. Pero no se tenía más información. Así se vendían habitualmente los minerales para coleccionistas y «turistas» de la época en la localidad francesa de Luchon. Miguel apunta que se trata de una nefasta costumbre que aún perdura en ocasiones en el comercio de minerales. Los vendedores ocultaban la procedencia exacta del material para mantener su exclusiva. Nuestro gran naturalista aragonés Lucas Mallada describió, en 1878, dos rocas de «ofitona» (dolerita) del Triásico, procedentes de Estopiñán del Castillo. Las rocas tenían «costras de asbesto teñido de azul por carbonato de cobre». El color azul debió parecerle tan obvio que no realizó ningún análisis. Si lo hubiera hecho, habría descubierto que no tenían cobre. Tanto la descripción del aspecto como la asociación con rocas del tipo dolerita indican que se trataba, sin duda, de aerinita. Pero Mallada aún no conocía este mineral. Solo unos años más tarde, en 1882, Vidal identificó correctamente como aerinita el mineral existente en las doleritas de Caserras del Castillo o Caserres del Castell (Estopanyá, Huesca), que desde entonces se considera la localidad tipo.

El otro problema era demostrar que era una especie mineral válida y con una composición diferente a las conocidas. En 1980 se encontró aerinita en forma muy pura, fibrosa, en Estopiñán del Castillo y en Saint-Pandelon (Francia). Estas muestras permitieron demostrar que era una especie mineral bien definida. Los estudios posteriores caracterizaron este mineral como un piroxeno. Tiene una estructura tan compleja que para describirla ha sido necesario usar instrumentación tan avanzada como el sincrotrón. Y no, no contiene ni cobre ni cobalto.

Esperamos que la historia de este mineral os parezca tan interesante como a nosotros. Y eso que no os hemos hablado de su uso en la pintura románica. Eso será otra historia. Solo nos queda añadir: ¡LARGA VIDA A LA AERINITA!

 

AGRADECIMIENTOS: Queremos agradecer a la empresa que gestiona la Cantera Soriana y al geólogo Josep María Masich todas las facilidades para que el museo pueda disponer de estos ejemplares. También a María Pilar Julián, del Servicio de Minas de la DGA, que nos puso en contacto y ha hecho las fotografías.

Referencia y textos de:

Calvo Rebollar, M. 2017. Aerinita, la piedra azul del Pirineo. Naturaleza Aragonesa, 34, 63-68.

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